Francoise Dolto: Los Evangelios y el Psicoanálisis Freudiano

Henri Matisse - Icarus

Es raro encontrar psicoanalistas  freudianos que se declaren en público creyentes y cristianos.

Es raro encontrar una psicoanalista que acepte afirmar y exponer su fe en el evangelio.

Pero he aquí, que me he topado con una...

Se trata de Francoise Dolto.

"Durante mi infancia escuchaba en la iglesia o leía los textos de los evangelios como si fueran los textos de una historia, la de Jesús y la del mundo de su tiempo y de aquellos lugares ardientes por el sol. (...) Aquello me hacía soñar, y luego, las imágenes, los cuadros me demostraban que aquello hacía soñar a todo el mundo y que cada cual se forjaba su propia forma de soñar. Pero yo no veía ninguna relación entre tales relatos y la vida que llevaban en torno a mí y en mí algunas personas, las de la jerarquía de la Iglesia o los "fieles", como se les llamaba.

Y después crecí, y como se dice aún, sufrí, fui psicoanalizada, me hice médico y psicoanalista. Los textos sagrados de nuestra tradición judeo-cristiana me parecieron cada vez más importantes.

La Biblia, los evangelios, empezaron a plantearme preguntas, y yo empecé a reaccionar ante su lectura. Me asombraba de aquel interés que crecía al hilo de la experiencia de la vida y,
sobre todo, de la clínica psicoanalítica, del descubrimiento de la dinámica del inconsciente, cuya fuerza y leyes conocemos a partir de Freud.

Cada vez estoy más segura de que todo lo que descubrimos sobre el ser humano ya estaba implícito, esos textos lo contienen y lo dan a entender. Todo esto habla en este montón de preciosas palabras.

(...) La iglesia y los fieles "se resistían" ante los descubrimientos de Freud.
 ¡El pansexualismo! ¡Imagínese, qué horror!

Sin embargo, yo constataba que Freud y los estudios emprendidos tras él con su método probaban a diario la existencia de este inconsciente, de este deseo que actúa en el ser humano, en su verdad sin máscara, más auténtica que la de esos seres morales, refinados, tristes, tiesos en unos comportamientos llamados virtuosos, carentes de espontaneidad, de alegría y de respeto por esa naturaleza que está en el hombre.

He descubierto que cierta educación cristiana, recibida por tantos pacientes nuestros, es enemiga de la vida y de la caridad, está en total contradicción con lo que en otro tiempo me había parecido un mensaje de alegría y amor en los evangelios. Entonces los volví a leer y se produjo el choque.

Nada de lo que la Iglesia del siglo XX enseñaba a los que en ella formaba me parecía contenido
ni en la Biblia ni en los evangelios.

Nada del mensaje de Cristo estaba en contradicción con los descubrimientos freudianos.
De repente me animé a continuar con esta lectura que me aportaba y me sigue aportando.

Formada en el psicoanálisis, lo que leo en los evangelios me parece la confirmación, la ilustración de esta dinámica viva que actúa en el psiquismo humano y su fuerza derivada del inconsciente, allí donde el deseo tiene su fuente, de donde parte en búsqueda de lo que le falta.

La vida, el efecto de verdad siempre nueva que el contacto con los evangelios produce en el corazón y la inteligencia son una llamada, día tras día renovada, a superar nuestros procesos lógicos concientes. Son las mismas palabras y parecen revelar siempre un sentido nuevo a medida de nuestro avance en la vida, a lo largo de nuestras experiencias. Eso es lo que me ha apasionado. 

Los evangelios no dejan de plantearnos interrogantes, al margen de las respuestas ya encontradas.

¿Cómo es que estos textos, estas sucesiones de palabras producen un impacto en nuestra conciencia y unas repercusiones que llegan hasta el inconsciente haciendo nacer en él alegría y deseo de conocer el Reino de Dios?

Leer los evangelios es escuchar a ese ser de carne, Jesús -a través de quienes lo vieron, oyeron y dan testimonio de él-, cuando vivía en la tierra con su individualidad, desaparecida para nosotros.  El habla a mi ser individual. Habla a mi corazón e incita a mi inteligencia a escucharle y desear su encuentro. (...) ¿No podemos también nosotros, psicoanalistas por formación y profesión, hablar de él, preguntándonos mutuamente como otros lo han hecho, invitados todos por el deseo a su búsqueda?

(...)  Al leer los evangelios, descubro un psicodrama. Las mismas palabras que utilizan, la selección de frases, la preferencia por ciertos temas, pueden entenderse, lo vuelvo a decir, de una forma distinta tras el descubrimiento del inconsciente y de sus leyes por Freud. (...) la lectura de los evangelios supone al principio un impacto en mi subjetividad; después, al ponerme en contacto con los textos, descubro que Jesús enseña el deseo e impulsa a él.

Descubro que estos textos de hace dos mil años no están en contradicción con el inconsciente de los hombres de hoy.

Tienen un efecto más sorprendente que los cuentos de hadas. Hace dos mil años que se leen
y siempre producen un efecto de verdad en lo más hondo de todo ser que los lee.
Lo que a mí me ha interesado es la búsqueda de las fuentes de esa verdad.

Sean o no sean históricos, estos textos constituyen un torrente fantástico de la sublimación de los impulsos.

Unos escritos que afectan hasta tal punto no pueden desestimarse.

Merecen que -formados para el psicoanálisis- busquemos la clave de esa dinámica que encierran." (Francoise Dolto 1978)


Fuente: Extractos de la introducción de "El evangelio ante el psicoanalisis" de Francoise Dolto, Ediciones Crstiandad, Madrid, 1978