DAVID SERVAN-SCHREIBER: El arte de hacer vínculo hasta el ultimo suspiro.






'La clave de la medicina del siglo XXI será 
el vínculo entre el cuerpo y el espíritu.'
David Servan-Schreiber (1961-2011)
Psiquiatra francés, autor de "Curación emocional": 
Acabar con el estrés, la ansiedad y la depresión sin fármacos ni psicoanálisis. 
Kairos, 2004











-Según usted, los psicólogos y psiquiatras se equivocan al pretender curar los males del alma a través del lenguaje. ¿Por qué? 

- El ser humano posee dos cerebros: un cerebro cognitivo y racional en la superficie (¿el cortex?) y un cerebro emocional, más profundo, el sistema límbico. El cerebro cognitivo es la sede del pensamiento y del lenguaje, mientras que el cerebro emocional es la sede de las emociones y controla la psicología del cuerpo: el ritmo cardíaco, la tensión arterial, el apetito, el sueño, la libido e incluso el sistema inmunitario. Para curar la depresión y la ansiedad es más fácil entrar en comunicación con el cerebro emocional a través del cuerpo, en vez de por el lenguaje y el pensamiento. 



´- Hablar, confiarse, ¿es útil en la terapia? ¿Practica usted el psicoanálisis basado en el relato de la vida? 

Practico todavía algunas formas de psicoterapias. Pienso que el lenguaje es particularmente apropiado para la gestión de las relaciones afectivas. Hay que enseñar a la gente a hablarse. Pero el psicoanálisis lo he dejado de lado porque se pierde en el lenguaje. No estoy en contra del psicoanálisis, pero es preciso enseñar a arreglárselas con el cuerpo. Creo que la clave de la medicina del siglo XXI será este vínculo entre el cuerpo y el espíritu. No se puede separar el estado físico del estado mental.  

(Fragmento de un reportaje realizado por la revista electrónica española Tendencias 21)



                                                
Esta semana se cumplen tres años de la desaparición física de David Servan-Schreiber.

Sus detractores del campo de la oncología dura todavía "no le perdonan" que se haya muerto. Algunos utilizaron su muerte para ridiculizar el discurso holístico que supo defender en su libro "Anticáncer".  Es verdad. El título suena triunfalista: "El testimonio del médico francés que venció al cáncer y descubrió una nueva manera de vivir".  Se ve que era un tipo entusiasta !



Se murió, es cierto. Sin embargo, sus veinte años de sobrevida a un tumor cerebral de máxima malignidad  manteniendo una calidad de vida excepcional, a mi me siguen pareciendo igualmente un logro encomiable.  Venció al tumor, dos veces.  Y además, hay otra cosa de  ese título que sigue siendo verdadera: David inventó para sí mismo un nuevo modo de vivir, se las arregló para no morir antes de tiempo, para no morir de un diagnóstico, se las arregló para vivir su vida a full hasta el último día de su vida. No es poco.  

Porque seguir vivo hasta el último día es más que no-haberse muerto aún. No todo el mundo sabe cómo hacer eso ! 

Es curioso. Los elementos biográfícos que él ofrece como una suerte de "novela familiar" resultan tentadores a los periodistas y amigos que no pueden evitar un poco de psicoanálisis salvaje en sus obituarios.  Justo a él que se jactaba de querer curar prescindiendo de interpretaciones psicoanaliticas. Habrá intuido a posteriori que el psicoanálisis también podría haber sabido encontrar la forma de facilitar poner en palabras algo más que necesitara ser dicho para ser sentido? El sabía que somos seres multidimensionales. Por lo tanto la búsqueda de sentido a la que nos abrimos es infinita. Puede leerse y significarse desde infinitos puntos de vista.





Paris, 25 de julio de 2011. 
Revista 'LE NOUVEL OBSERVATEUR'.

Podría decirse que David fue un ser raro. Ni un pensador inmenso, ni un filósofo, ni un mandarin de la ciencia o de la medicina. Se definía a sí mismo como un científico y un humano dotado de afecto. La cabeza y el corazón, el intelecto y la emoción, su mensaje giraba entorno a la relación entre estas dos funciones que suelen entrar en lucha dentro nuestro con tanta frecuencia.

Le gustaban los deportes extremos. Dicen que tenía un coraje físico rayano en la temeridad.

Científico ante todo, pasaba cada una de sus opiniones y afirmaciones por el tamiz de los más serios e indiscutibles estudios, yendo a las fuentes, en las revistas científicas más exigentes. Quienes lo conocieron de cerca consideran una injusticia que haya sido tildado de "gurú new age".

El corazón, la importancia crucial de los lazos emocionales fue para él un descubrimiento tardío.

Había nacido más bien para "hacer grandes cosas" y "realizar un destino fuera de lo común".

Su padre Jean-Jacques, fundador de L’Express, elegido ministro efímero del presidente francés Giscard D'Estaign, lo destinaba a una carrera política. Para bien o para mal,  David se hizo cargo de estas expectativas por momentos extremadamente exigentes para compensar las ambiciones paternas decepcionadas.

En su libro "Anticáncer (prevenir y vencerlo estimulando nuestras defensas naturales)", David cuenta acerca del peso que cargó respecto a estas expectativas desmesuradas durante todas su infancia y adolescencia. Y el alivio que le sobrevino cuando a la edad de 31 años descubre por accidente el tumor que roía su propio cerebro. Esta amenaza gravísima que hace irrupción en su vida, paradójicamente lo salva de "la cárcel de la "misión" impuesta". Lo coloca sobre su propio terreno , de cara a su propia lógica, la exigencia de hacer sus propias elecciones, de trazar su propia trayectoria. De poder otorgarle él mismo un sentido a su existencia amenazada.

"Estrella de la Ciencia"
Es esta una de las razones por las cuales, al mismo tiempo que combatía el cáncer con la más extrema determinación, David jamás manifestó odio, ni cólera contra la suerte que lo hacía bascular definitivamente hacia el campo de los enfermos. Ante este choque con la enfermedad, el había intentado al principio liberarse, se había subrepticiamente desviado de la vía trazada inicialmente (política, mediática), para volverse a un universo completamente diferente: la medicina y la investigación.
Pero él permanecía aún oscuramente bajo la influencia de aquella exigencia devorante de ser excepcional. Eligió el área de la investigación fundamental en Neurociencias. Y en el seno de este sector, eligió la modelizacion informática de las redes neuronales. Su director de tesis fue un premio Nobel. A los 30 años se había finalmente ubicado bien como para ganar un lugar en el firmamento de las "estrellas" de la ciencia.

El cáncer, y especialmente la cirugía que atravesó -como él contaba con humor, cuando le extirparon una parte de su lóbulo frontal-, lo cambiaron en profundidad.

De esa prueba surgió un David sensible -mejor dicho- ultra-sensible, que se enternecía con una facilidad desconcertante, siempre al borde de las lágrimas, entrando sin esfuerzo en resonancia con el sufrimiento del otro.

Teniendo en cuenta que era un psiquiatra, podría pensarse que esa cualidad le iba de suyo, pero parece que lamentablemente, no era el caso. El siempre afirmó que fue gracias al cáncer, que se volvió realmente médico, después de haber sido un científico a ultranza. Fue sólo entonces que se volvió capaz de un intercambio real con sus pacientes, de una convivencia profunda basada sobre el sentimiento de comunidad ante la prueba, aunque se guardaba cuidadosamente de agobiar a sus pacientes con su problema personal. Se dice que aunque él nunca se jactó de ello, llegó a ser un terapeuta excepcional, uno de esos médicos que tienen el don de desencadenar procesos de sanación por la sola presencia y la simple atención que ofrecen al paciente.

"Psiquiatra de servicio"

Este descubrimiento del lazo profundo con todos y cada uno de los enfermos que el debía sanar en el Hospital General de Pittsburgh ha constituído para el un magnífico salto al poco explorado dominio de lo emocional. "Curar" y "Anticáncer" son publicados, muchos años más tarde de este descubrimiento. En lo inmediato, David ha primero "hecho la limpieza" en su propia vida. Abandona las cimas heladas de la investigación fundamental por la tarea más humilde pero más enriquecedora de ser "psiquiatra de servicio". Ha encontrado su propia vía, una vía que el definía como "crear vínculo", "compartir en profundidad", "contribuir al bienestar del otro", "dar un sentido a las cosas". 

Médicina alternativa

Para esa misma época, él se ha apasionado por las medicinas "alternativas" o "complementarias" que apenas comienzan a ser exploradas en los Estados Unidos. "Alternativas" de cara a la medicina "dominante", métodos que se supone no la deben reemplazar , sino complementar;  devolviendo un lugar a abordajes rechazados u olvidados : el yoga, taïchi, qigong, etc. –, la meditación heredera de prácticas orientales, los masajes, los ejercicios más "modernos", como la coherencia cardiaca, los rituales de sanación inspirados en prácticas chamánicas o indoamericanas.

Estos abordajes son hoy más comunes y los estudios existentes confirman su valor en el tratamiento de sufrimiento psíquico. Le ha hecho falta un coraje y una tenacidad raras al jóven médico que era David para convencer a sus superiores del interés de abrir el primer centro hospitalario consagrado a estos abordajes nuevos.

¿Es que seguía con el Síndrome Servan-Schreiber ? ¿Seguía en búsqueda de la excelencia perdida? ¿O más bien se trataba de una curiosidad incansable y de un auténtico instinto de innovación? David era una verdadera mente investigadora capaz de enfocar el tema más candente y más prometedor en su disciplina sin jamás perder de vista la humilde dimensión humana, aquella que ya había comprendido una vez en todo su valor.


Rompecabezas

El cuerpo, y su extraordinario capital de curación, ya no se irá jamás del campo de su pensamiento.  
El había tenído hasta ese momento con el cuerpo una relación de tipo "espartana", o  "militar" (como el cuenta con ternura y humor en su último libro  "Hay muchas maneras de decir adios") una concepción y prácticas que habían sido inculcadas por su padre, que también había sido él mismo un "burlador la muerte" .

Es sorprendente descubrir que este científico gustaba de ir a grandes velocidades, incapaz de elevar la voz o de expresar un afecto, era un auténtico rompecabezas practicante de deportes extremos en condiciones límites, capaz de meterse y nadar mar adentro, su pequeña cabeza desaparecía casi completamente entre las olas hasta que reaparecía más tarde en el horizonte. Salía del agua exhausto, magníficamente felíz, y declarando haber nadado justo al extremo de su capacidad, calculando con excactitud las fuerzas que necesitaba para el retorno...

Enfrentar la muerte

Este coraje a veces inmenso que él atribuía a la lección de su padre, explicaba en parte esta suerte de disfrute paradojal durante los episodios más duros que le deparó su enfermedad. Esta fue una prueba más a superar, otra ocasión de exigir la máquina al máximo y descubrir "sensaciones-experiencias-ideas" desconocidas... Tal vez, esta práctica de la serenidad frente a la cercanía de la muerte -que él ha mirado a la cara sin temor ni bravuconadas- fue una última oportunidad de vivir, vivir una vez más algo de cualidad excepcional.

Como médico, David conocía demasiado el precio de todo eso que saben los moribundos acerca de la angustia. Y merced a su larga práctica médica, 
él creía tener los conocimientos, acerca de esta cuestión difícil. Fiel a sus elecciones ("contribuir", "crear lazos", "dar sentido" , "compartir todo lo que valga la pena") quiso compartir estas ideas con el gran público. Hasta que su salud se lo permitió, consagró el más claro de sus últimos esfuerzos a darle forma a su último mensaje.  (Hay muchas maneras de decir adiós, Espasa Libros, 2011)
David, ese raro ser que quiso "hacer vínculo" hasta el último suspiro.  





(DAVID SERVAN-SCHREIBER fué quien introdujo la Terapia EMDR en Francia.

Fundador de la Asociación EMDR France. )


Fuente: Traducido del artículo escrito por su amiga y colaboradora Ursula Gauthier http://tempsreel.nouvelobs.com/societe/20110725.OBS7574/david-servan-schreiber-creer-du-lien-jusqu-au-dernier-souffle.html