PSICOTERAPIA Y NEUROCIENCIAS

Los neurocientíficos cognitivos y afectivos (aquellos que trabajan en neurociencia afectiva, término propuesto por Jaak Panksepp para nombrar al "lugar donde todos los abordajes pueden "conciliarse" y trabajar conjuntamente"), se encuentran en un momento en el que pueden establecer conexiones entre entidades neurales concretas y diversos conceptos abstractos psicológicos y psicoanalíticos.

La polaridad existente hasta la fecha se pone de manifiesto por el escaso número de trabajos que tratan aspectos psicoanalíticos y cerebrales (40 trabajos de un total de más de 240.000 citas) y curiosamente ninguno en revistas dedicadas a la neurociencia, por lo que parece que dentro del psicoanálisis se está intentando el acercamiento a la neurociencia, sin mucha reciprocidad.


Freud se distanció intencionadamente de los aspectos cerebrales, en buena medida porque el conocimiento disponible sobre el cerebro resultaba insuficiente para intentar cualquier aproximación. Un siglo después, del abandono de la aspiración inicial de Freud de una psicobiología coherente, quizás ha llegado el momento de intentar una adecuada síntesis entre el pensamiento psicoanalítico y la neurociencia. 


Aunque la neurociencia tiene una escasa tendencia a incorporar dominios funcionales complejos en sus esquemas conceptuales, ya hay  trabajos donde los datos psicológicos y neuropatológicos se combinan en forma efectiva para destacar la naturaleza de los sueños, o la comprensión neuropsicológica de los procesos afectivos.


Teoría moderna de la emoción: Premisas y sesgos prevalentes


Las teorías modernas de la emoción intentan en general cubrir todos los aspectos esenciales, a menudo queda en segundo plano o se omite el componente del estado afectivo interno. Si bien para los no-especialistas este ingrediente es esencial, es el que más se evita en el abordaje objetivo de los aspectos emocionales. 

Sin embargo Panksepp cree que puede demostrarse de manera creíble a través de los abordajes neurocientíficos: 

1. Buscando procesos cerebrales esenciales que sincronicen las expresiones somáticas y viscerales de las emociones, 

2. que sean igualmente componentes claves de los aspectos mnésicos y cognitivos de las emociones, y 

3. combinando estos hallazgos experimentalmente con un estudio de informes subjetivos de diferentes personas.


Presupuestos básicos, armónicos con los de Freud: 

- Los valores biológicos y los procesos afectivos neurales por medio de los cuales se manifiestan penetran todas las estructuras cognitivas del cerebro-mente de los mamíferos. 

- El comportamiento emocional observable se modula probablemente por un efecto de fondo del estado de ánimo, y es dentro de estas influencias a largo plazo que la experiencia emocional puede resultar crucial. 

- En la infancia precoz no existe una línea sostenida de pensamiento sin una línea sostenida de afecto, por lo que si se quiere entender cómo se comportan las personas y los animales a largo plazo, hay que comprender sus sentimientos. 

- Sólo en la edad adulta, cuando ya están establecidos los patrones de comportamiento, los hábitos de pensamiento y las defensas, las conexiones evidentes entre el afecto y la conducta disminuyen. De hecho, los reguladores afectivos quizá simplemente descendieron a niveles preconscientes de procesamiento neural, ejerciendo aún controles fundamentales sobre la mente y la conducta.


Respecto a la evidencia disponible: En el cerebro de los mamíferos existen varios sistemas ejecutivos para los distintos procesos emocionales. Dichos sistemas no son modulares y simples, sino que se ramifican ampliamente, interactuando con múltiples procesos cerebrales específicos e inespecíficos. 

Para Panksepp la clave en la investigación sobre la emoción es la caracterización de las energías instintivas del ello o "sistemas de comando emocional" generadores de afecto (en terminología del autor), que instigan y orquestan los diversos aspectos de lo emocional en el cerebro.


Freud conceptualizó tales procesos del ello no sólo como la base de las emociones y la personalidad, sino también como substratos esenciales de la maduración de las funciones del yo

Por desgracia, Freud no disponía de una forma creíble de realizar una taxonomía científica de las funciones del ello, que permanecieron como uno de los elementos más ambiguos de su teoría. 

La neurociencia afectiva ha proporcionado abundante evidencia de los tipos de funciones básicas del ello contenidas en el cerebro de los mamíferos [nótese que Panksepp se refiere casi siempre al cerebro de los mamíferos. Para él los elementos básicos de las emociones están representados en el cerebro de los mamíferos no humanos (con importantes analogías, sobre todo a nivel subcortical, con el cerebro de los humanos) y propone que la investigación sobre la emoción incluya como una etapa el trabajo con animales, lo cual es objeto de considerable polémica dentro de los neurocientíficos], que van desde los sistemas de BÚSQUEDA, pasando por los de RABIA, MIEDO, o CUIDADO, a aquéllos que elaboran el JUEGO. 

Si quisiera, la neurociencia cognitiva podría destacar la naturaleza neural de algunas de las defensas del yo que emergen cuando las desenfrenadas funciones del ello llegan al control neural más elevado, en parte a través del aprendizaje asociativo y en parte por medio de la evolución de procesos neuropsicológicos más sutiles reguladores de la emoción, tales como las diversas defensas conceptualizadas por Freud. 

La psicología evolutiva apenas empieza a conceptualizar cómo las estrategias sociobiológicas reflejan de forma marcada las presiones que permean nuestras racionalizaciones cerebrales más elevadas, pero aún tiene que lidiar con la naturaleza biológica básica de los afectos.


Panksepp afirma que Freud acertó situando el afecto (el principio del placer) en el centro de su esquema

Sin esas funciones, ni siquiera se pueden hacer computadoras realmente inteligentes (Clark, 1997), y los humanos parecen perder su sentido común si se dañan los sistemas emocionales (Damasio, 1994; Picard, 1997).


Por supuesto, las funciones del ello han de clasificarse de manera más exhaustiva de la que Freud pudo hacer, a través de una investigación conjunta psicológica y neural, además de reconocer abiertamente que la investigación animal es absolutamente esencial para resolver los detalles últimos de los sistemas subyacentes con claridad adecuada.


Freud centró sus esfuerzos en discutir los procesos psicológicos más complejos -cómo las funciones del yo y el superyó son moldeadas por la experiencia. 

Para Panksepp parece razonable asumir que la divergencia evolutiva ha sido mayor en los estratos más recientes de la evolución cerebral, mientras que permanece muy similar en los niveles más antiguos. De hecho, algunos de los procesos superiores, como el lenguaje, a menudo tienden a homogeneizar diversas entidades emocionales distintivas subcorticales en categorías más amplias de valencia como activaciones de afecto positivas o negativas, pudiendo confundir aspectos cerebrales más básicos. Estos conceptos no son más que identificadores de clase de multitud de subprocesos que deben ser especificados empíricamente, si bien se aceptan con mayor facilidad que las categorías más concretas, quizás porque parecen simplificar las cosas, cuando de hecho es posible que estén obstaculizando la investigación de sistemas cerebrales básicos. Para Panksepp, la investigación conjunta en animales y humanos podría ayudar a clarificar estos sistemas.


Para el autor, la triangulación entre la investigación del cerebro de los mamíferos, el estudio de la conducta animal y el análisis sistemático de la experiencia subjetiva humana constituye una estrategia robusta para mantener un nivel creíble de progreso científico así como una forma de acceder a una monitorización más directa de la actividad cerebral.


Dicha triangulación permitiría el abordaje científico de la experiencia afectiva en animales. Partiendo de la base de que se reconocen profundas homologías en las distintas especies de mamíferos en cuanto a la estructura anatómica, dinámica fisiológica y codificación neuroquímica de los procesos cerebrales, se podrían validar muchos de los hallazgos procedentes de la investigación sobre el cerebro y la conducta de los animales, estudiando la experiencia subjetiva humana. 

Las modernas técnicas de neuroimagen proporcionan correlatos neuroanatómicos del procesamiento emocional. 

El autor lamenta el corticocentrismo que propician algunas de estas técnicas, mucho más sensibles a los cambios en la corteza que a nivel de las estructuras subcorticales, absolutamente esenciales para generar las emociones básicas. 

De hecho, sería posible que la inhibición cortical de procesos inferiores suprimiera la experiencia consciente del afecto en humanos, dando lugar a la internalización o "ligazón" de las energías emocionales, como Freud discutió ampliamente

En cualquier caso, la mayor parte de la teorización freudiana se centró asimismo en los niveles cognitivos más elevados, donde las energías instintivas son manejadas con diversos mecanismos regulatorios emocionales como la represión, proyección, formación reactiva, etc. (casi imposibles de plantear en animales, quizás con la excepción de algunos procesos de memoria que parecen gobernar la expresión emocional). 

En opinión de Panksepp, la herencia común subcortical, de la que emergen las energías del ello en las distintas especies de mamíferos, proporciona una base sólida y esencial para la comprensión de la naturaleza de los procesos afectivos y de las funciones cerebrales más elevadas regulatorias de la emoción, si bien por el momento sólo puede monitorizarse de forma indirecta.


Panksepp señala sus coincidencias con Freud, entre las que destaca el hecho de que al colocar el afecto en el centro de su análisis, Freud reconoció que la asignación de valor a la conducta y los procesos psicológicos más elevados era la función clave de las emociones. Igualmente al registrar la importancia de los eventos del mundo externo, los afectos permeabilizan las funciones conscientes más elevadas del cerebro-mente. Más aún, Freud veía el afecto como proveniente de mecanismos biológicos fundamentales (presumiblemente circuitos cerebrales) que guiaban las tendencias instintivas a la acción. Los programas cerebrales del afecto (con diversos códigos químicos, fundamentalmente neuropeptidérgicos) que se han descubierto recientemente probablemente son la infraestructura inmediata de dichos procesos.


El afecto es un proceso neurodinámico generado internamente, probablemente relacionado de forma estrecha con los circuitos emocionales subcorticales


El autor señala la necesidad de que la neurociencia moderna incorpore la noción freudiana que los diversos tipos de afecto son funciones intrínsecas de asignación de valor de los sistemas neurales. 

Freud distinguió entre la qualia emergente de las modalidades exteroceptivas, y los afectos. 

Panksepp denomina a estas funciones cerebrales afectivas, qualia emocional o evolutiva (equalia abreviado). Parece probable que el proceso neural "del que el afecto es una percepción" sea fundamentalmente inconsciente (durante sus etapas evolutivas precoces), y que se hizo preconsciente y más adelante consciente a medida que ciertos tipos de sistemas neurales adicionales evolucionaron. 

El autor afirma que hay que aceptar que una gran parte de la infraestructura para lo emocional opera automáticamente, con pocas causas conscientes, pero siempre (al menos en los mamíferos) con el potencial para causar abundantes efectos en la conciencia. 

Los estados afectivos pueden constituir el "fondo" en las relaciones figura-fondo que constituyen las experiencias ordinarias de la conciencia. Si bien la mente consciente no está preparada para focalizar sobre los procesos de fondo tan fácilmente como sobre los contenidos figurativos, los estados afectivos probablemente sean esenciales para la aparición de cualquier forma de conciencia a lo largo de la evolución.


Se alinea con Freud en su asunción que la mayoría de las fuentes primitivas de la mente yacen sumergidas bajo lo que aparece en la consciencia. 

Propone mantener abierta la posibilidad de que existan diversas áreas de conciencia en el cerebro que se comunican pobremente entre sí en condiciones normales (no sólo la variedad hemisferio derecho - hemisferio izquierdo), y que cuando una está activada las otras se desactiva.


El substrato neural que permitió la emergencia de las emociones en la evolución cerebral puede, de acuerdo con la teoría psicoanalítica básica, proporcionar las bases fundamentales para el desarrollo del yo, lo cual aún debe ser evaluado empíricamente. 
Sin embargo, Panksepp prevé que el yo brote de áreas muy primitivas del cerebro donde los sistemas emocionales básicos interaccionen con las representaciones neurales básicas del cuerpo, si bien su desarrollo alcanza posteriormente múltiples y complejos componentes adicionales psicológicos y neurales. 

En este punto, opina que la evolución cerebral estableció, en un nivel bajo del neuroeje
(médula espinal), un "cuerpo virtual" neurosimbólico que representa al organismo como una entidad coherente (como resultado de un acrónimo Panksepp denomina SELF a esta entidad, la forma más primitiva del yo de Freud).

Sugiere que este SELF hipotético podría ubicarse en las áreas centromediales del tronco cerebral, pero su influencia se distribuye ampliamente por todo el cerebro por vías directas e indirectas. 

Cree que los diversos sistemas emocionales crean sus experiencias afectivas interaccionando con una estructura del yo así de diseminada. El nivel basal de reverberación dentro de este sistema constituye un epicentro sobre el que los diversos placeres y displaceres de la vida se manifiestan.


Dada la centralidad de un sistema así de asignación de valor a todo lo que el animal hace, Panksepp discrepa de la idea que los sentimientos pueden ser epifenómenos causales ineficaces en el cerebro humano (asunción ampliamente difundida entre los neurocientíficos que estudian la conducta).


Panksepp opina que las bases neurales del cuerpo virtual del SELF permiten la interacción de los estímulos externos (percepciones simples) y los valores internos (estados emocionales) con una representación motora coherente y estable del cuerpo. En este esquema, los sentimientos reflejarían en último término los distintos tipos de disposición a la acción que permeabilizan las extendidas neurodinámicas del SELF.


La anatomía de las estructuras neurales subyacentes concuerda con la idea que el tronco cerebral centromedial contiene ingredientes esenciales para la coherencia y la disposición a la acción del organismo. 

1) Contiene una convergencia masiva de múltiples sistemas emocionales fuertemente conectados con sistemas sensoriales y motores de la médula espinal. 

2) Una convergencia masiva de la mayoría de los principales sistemas sensoriales externos. 

3) Entre ambos existen mapas motores que pueden producir movimientos corporales coherentes.


Panksepp asume (si bien recalca que no existe evidencia científica aún para sus afirmaciones) que este SELF primitivo fija los organismos como criaturas coherentes con sentimientos y una forma básica de identidad, pero también que sus conexiones neurales ampliamente diseminadas, especialmente las dirigidas hacia las áreas corticales frontales, pueden proporcionar diversas formas de activación y coherencia afectivas a lo largo del neuroeje. La amplia extensión neural de estos sistemas permite la construcción de abundantes tipos de expresión emocional a partir de los sentimientos básicos. 

En esta visión, la esencia de los sentimientos afectivos surge de varios sistemas operativos emocionales básicos interaccionando con las extendidas redes del SELF, mientras que los procesos más elevados mnésicos / asociativos extenderían y modificarían estas formas de disposición a la acción con contenidos cognitivos (visión compatible con la freudiana, al menos como principio general).


Freud distinguía tres formas de ansiedad, un ejemplo paradigmático de un afecto. La evidencia sugiere la existencia de diversas formas de ansiedad de proceso primario en el cerebro. Un sistema masivo va de la amígdala central al PAG. Otro es el sistema de ansiedad de separación, que discurre del cíngulo y la región preóptica ventral a través del tálamo dorsomedial hasta el PAG, que gobierna los procesos de vinculación a la largo de la infancia, y que probablemente es un elemento clave para el desarrollo de un apego seguro. Parece probable que la activación precoz de este sistema pueda promover depresiones en el futuro.


Con respecto al preconsciente, existen diversas explicaciones alternativas posibles y no es posible hacer ninguna declaración sobre la relación entre la neurociencia y las inferencias freudianas. 

Pueden producirse diversas formas de aproximación y escape/evitación estimulando circuitos transdiencefálicos específicos bidireccionales que discurren entre el PAG y otras áreas del sistema límbico. 

No puede asimilarse simplemente aproximación a placer y viceversa. Existen múltiples formas de "bueno" y "malo" en el cerebro, como indican los patrones de conducta emocional coordinada tan distintos que pueden evocarse. Se requiere más investigación antes de poder determinar de manera fiable qué áreas cerebrales median qué cualidades afectivas.


Los afectos básicos estarían más estrechamente relacionados con sistemas básicos instintivos de disposición a la acción, mientras que los afectos motivacionales estarían más ligados con los sistemas perceptivos. En último término, ambos tipos de afecto son mediados por capacidades integrativas sensitivo-motoras intrínsecas, no aprendidas de regiones subcorticales (arcaicas en términos evolutivos), que pueden establecer diversos tipos de estados afectivos neurodinámicos dentro del cerebro. 

Para Panksepp, Freud no reconoció adecuadamente la existencia de sistemas emocionales dedicados a los distintos procesos sociales. 
Aunque dio mucha atención a la sexualidad, no pudo apreciar la probable existencia de sistemas instintivos básicos para la devoción maternal (ternura), apego social (amor), ansiedad de separación (tristeza) y capacidad de juego (alegría), todos fuertemente representados en la línea media del tálamo y la corteza límbica (área frontal, cíngulo anterior e ínsula). 

Generaciones posteriores del pensamiento psicoanalítico desarrollaron varios de estos temas bajo la rúbrica de las "relaciones de objeto", pero gran parte de la discusión se hizo como si fueran derivados, no verdaderos procesos emocionales básicos. 

Actualmente se puede hipotetizar que dichas psicodinámicas surgen bajo los auspicios de los diversos sistemas básicos socio-emocionales. 

El modo en que las emociones sociales más elevadas (presumiblemente funciones superyoicas) como la envidia, la culpa, los celos emergen de estos sistemas constituye uno de los capítulos apasionantes de la neuropsicología, en la que empieza a aparecer investigación de orientación psicoanalítica (Lewis, 1998). 

El refinamiento de las emociones sociales más elevadas puede proceder de formas de aprendizaje "preparadas" que emergen de las neurodinámicas de las tendencias emocionales más básicas reverberando a lo largo de los canales evolutivamente preparados del SELF extendido (que incluye las conexiones con otras áreas cerebrales).


Del mismo modo, la dominancia social y la sumisión surgen de procesos de aprendizaje ligados a estos sistemas básicos, y una comprensión más profunda de las dimensiones sociales puede proporcionar datos importantes de la eficacia del psicoanálisis en el tratamiento de trastornos "neuróticos". 

Para Panksepp, la técnica clásica podría reflejar, y quizás operar, a través de el establecimiento de relaciones de dominación-sumisión. Una observación consistente con la conducta animal es que los animales sumisos suelen exhibir una conducta más social (una especie de asociación libre comportamental), mientras que los animales dominantes exhiben un comportamiento menos amistoso y típicamente sólo responden si se les solicita activamente. A veces la terapia se termina abruptamente cuando esta relación asimétrica resulta psicológicamente intolerable para el paciente. Por otro lado, la terapia llega a una conclusión más satisfactoria cuando el paciente inicialmente sumiso, a partir de la elaboración de las energías emocionales negativas, emerge con una actitud más individualizada y dominante o de aceptación frente a la vida.


Las áreas cerebrales que generan todas estas respuestas afectivas deben ser anatómicamente distintas de los sistemas tálamo-corticales que median la qualia básica que deriva de las sensaciones exteroceptivas. 

Si bien estos sistemas interactúan con múltiples zonas del cerebro, permitiendo a los valores permeabilizar  las percepciones a medida que los estímulos externos acceden a los sistemas internos de valoración, para ayudar a establecer patrones de conducta aprendidos más complejos. 

En la amígdala es donde más se han estudiado las conexiones adquiridas, pero se pueden anticipar numerosas áreas donde estos fenómenos tienen lugar. Por ejemplo, gran parte del aprendizaje social y de la regulación emocional transpira (cursivas añadidas) dentro de la corteza frontal y el área anterior del cíngulo, especialmente para la frustración y las pérdidas sociales.  

Recientemente existe documentación que apunta que la psicoterapia puede mejorar la hiperactivación de dichas áreas cerebrales.


En cuanto a las defensas más sutiles, al margen de procesos asociativos, pudieran incluir diversas formas de aprendizaje implícito mediado internamente, incluyendo condensaciones, desplazamientos, proyecciones y transferencias. 

Por ejemplo, como Freud enfatizó explícitamente, las experiencias emocionales excesivas tempranas, con ciertos estados emocionales negativos, pueden promover rutas diferentes de auto-organización dentro de los procesos jerárquicos que controlan la conducta. 

Existe poca investigación al respecto si exceptuamos el hecho que ciertas experiencias pueden sensibilizar las respuestas emocionales, quizás promoviendo la capacidad de las funciones más elevadas de disparar sistemas emocionales subcorticales, proceso definido como un incremento en la "permeabilidad límbica". En cualquier caso, el objetivo de la terapia sería establecer unas resonancias emocionales más armónicas dentro de las infraestructuras neurales primitivas. Panksepp sugiere una aproximación del psicoanálisis a las terapias somáticas con efecto conocido sobre el estado de ánimo.


Un aspecto empírico clave es la clarificación del modo en que los diversos estados afectivos se representan en el cerebro. Haycreciente evidencia sobre los extensamente ramificados circuitos de comando subcorticales que generan y sincronizan diversas conductas emocionales y los cambios corporales asociados, esenciales para generar emociones

Freud consideraba que el afecto estaba controlado de alguna forma por "la cantidad de excitación presente en la mente". 

En la actualidad se han identificado numerosos agentes neuroquímicos, específicos e inespecíficos, en cada uno de los "programas afectivos" del cerebro. 

Algunos son muy generalizados, e intervienen en casi todas las respuestas emocionales y cognitivas [p.eje. noradrenalina (NA), serotonina (5-HT), acetilcolina (Ach) o glutamato], mientras que otros, especialmente los neuromoduladores peptídicos, tienen efectos más discretos limitados a estados afectivos concretos. 

Así, la oxitocina promueve estados afectivos positivos, mientras que el CRF y la colecistoquinina (CCK) promueven los negativos. 

Panksepp asume que la activación de estos sistemas genera respuestas afectivas distintivas, pero el trabajo empírico relevante escasea; además, le resulta difícil imaginar cómo podría evaluarse en humanos sin una investigación de los contenidos mentales con la aportación de los métodos que proporciona el psicoanálisis. 

Propone que en un primer momento se trabaje sobre cada sentimiento y motivación, dejando para un segundo tiempo la relación de los hallazgos con generalizaciones previas como el principio del placer freudiano.


Respecto a la conceptualización sobre qué es la excitación "libre"(proceso primario mediante el cuál la excitación tiende a la descarga del modo más rápido)  y la "ligada" (proceso secundario, mediante el cual la descarga de la excitación logra retardarse y controlarse), por el momento es un terreno meramente especulativo. 

Una forma provocativa de distinguir entre los aspectos "cuantitativos" y los "cualitativos" de la vida afectiva sería centrarse en los sistemas más generalizados compartidos por todos los sistemas funcionales discretos, que contribuirían substancialmente a la dimensión cuantitativa del afecto, mientras que los neuromoduladores más específicos influirían más en las diferencias cualitativas entre afectos.


Panksepp critica la vaguedad del concepto hidráulico de pulsión, que dificulta que los neurocientíficos trabajen con él para relacionarlo con los componentes inespecíficos, al disponer de descripciones más específicas de cómo estos sistemas operan en el cerebro. Por ejemplo, la NA controla la eficiencia del procesamiento cortical de la información incrementando los efectos de las señales que llegan respecto al ruido de fondo; La 5-HT tiende a disminuir el impacto de la información en la corteza; y la Ach focaliza los recursos atencionales.


Periódicamente se ha intentado relacionar estos sistemas con afectos concretos, especialmente el miedo, pero los datos apuntan de manera consistente a la existencia de efectos amplios e inespecíficos en el procesamiento de la información afectiva y cognitiva. 

Si bien estos sistemas actúan globalmente, si nos concentramos en áreas concretas del cerebro, parecen tener efectos cualitativamente distintos sobre los recuerdos afectivos dentro de circuitos cerebrales muy específicos, como el del miedo en la amígdala. 

Continuando su crítica al concepto de pulsión, Panksepp opina que hay demasiadas influencias distintas para subsumirlas dentro de un concepto único, excepto como un identificador de clase general. Además señala que el término ha sido usado de demasiadas maneras en la historia de la psicología para resucitarlo como un concepto explicativo principal en cualquier sistema. El uso tradicional del término cayó en desuso cuando se percibió que era intrínsecamente ambiguo y podía carecer de poder explicativo (Bolles, 1975). En una reciente revisión, el autor (Panksepp, 1998b) lo relegó a aquellas funciones motivacionales regulatorias específicas como el hambre, la sed, la termorregulación, con elementos detectores interoceptivos específicos en los estratos mediales del diencéfalo. Otros emplean el concepto de pulsión para neurotransmisores como la dopamina (DA) que ayudan a regular las funciones apetitivas generalizadas (lo que Panksepp denomina función de BÚSQUEDA), si bien debe aclararse que dichos circuitos no regulan al alza otras conductas afectivas energéticas tales como el juego y el miedo, lo que hace conceptualmente confusos términos como sistemas de activación conductual general o de facilitación, empleados para referirse a los mismos.


El autor señala que el debate terminológico se extiende en paralelo en la neurociencia, así se propone sustituir el término "sistema límbico" (e incluso la amígdala) por terminologías anatómicas más precisas. 

Plantea que es difícil que alguna vez se tengan localizaciones neurales concretas para conceptos psicoanalíticos como ello, yo o superyó, pero que se deben continuar usando como identificadores de clase de los tipos de categorías o procesos globales que el cerebro contiene

Algunos deberán abandonarse cuando se pierda su valor explicativo, lo cual para Panksepp ya ha sucedido para el término "pulsión".


No obstante, el autor reconoce que el uso del término que Freud hacía es distinto del suyo (diversos estados cerebrales que surgen directamente de detectores de necesidades corporales). 

Para Freud la pulsión representa una tensión o activación generalizada que acompaña a los distintos desequilibrios homeostáticos

Podría proponerse que la activación de la DA y la NA, junto con la quiescencia de la 5-HT promueve la pulsión, mientras que la situación inversa tiende a reducir la percepción de un sentimiento global de tensión pulsional. 

Panksepp señala que para apoyar esto sería necesario que añadiera capacidad de comprensión sobre las observaciones existentes concernientes a la psique humana, sobre lo cual se carece, por el momento, de datos relevantes.


Los sistemas neuroafectivos cerebrales orquestan diversas expresiones internas y externas llamadas afectos básicos


Panksepp considera especialmente importante que la neurociencia considere la distinción freudiana entre las modalidades perceptivas y motoras dirigidas hacia el interior y el exterior, dedicando más interés a los (postergados hasta ahora por la tradición conductual de la neurociencia) procesos dirigidos hacia el interior descritos por Freud. 

Las emociones experimentadas internamente pueden ser vistas como influencias modulatorias a largo plazo que figuran de manera preponderante en la planificación de conductas y en la selección más deliberada de acciones futuras, más que en la mera emisión de actos emocionales impulsivos (que sólo es un componente, transitorio, de la respuesta emocional global). 

Del mismo modo, la mayor parte de la actividad cerebral consciente, tanto afectiva como cognitiva, no está dedicada simplemente a generar la conducta, sino a la planificación de estrategias conductuales futuras.


Igualmente señala la necesidad de un esfuerzo compensador en la investigación del componente motor de la emoción. 

En este sentido, en situaciones donde acciones explícitas se inhiben por reglas sociales aprendidas, muchas respuestas motoras del sistema nervioso continúan siendo observables en diversas tensiones corporales, pequeñas contracciones musculares, posturas o gestos, al igual que en numerosos efectos a nivel corporal, autonómicos y/o hormonales. Dichas respuestas deberían figurar en el análisis de los estados afectivos de conciencia al igual que las formas más groseras de disposición a la acción que se manifiestan típicamente en las variedades de acciones motoras instintivas que caracterizan los estados emocionales eruptivos en los animales. De hecho, el psicoanálisis se encuentra en la mejor posición para intentar analizar estos pequeños pero poderosos signos que parecen reflejar una batalla entre las diversas energías del ello y los controles yoicos, si bien los abordajes verbales quizás tengan que ser suplementados con el análisis etológico de las tendencias neuromusculares (tanto groseras como más sutiles). De hecho estos datos pueden ser un reflejo más fidedigno del estado afectivo de un sujeto que su propio discurso, especialmente si como sugieren algunas líneas de investigación, las funciones del lenguaje del hemisferio izquierdo evolucionaron tanto para mentir y ocultar como para la comunicación directa y clara.


Freud reconoció dichos aspectos en su concepto de energía afectiva "ligada", y Solms & Nersessian animan a conceptualizar el modo en que las acciones voluntarias-instrumentales derivan evolutivamente de las acciones afectivas más primitivas del sistema nervioso. 

Una respuesta simple y directa sería que los cambios en los estados afectivos internos, al relacionarse tanto con acciones motoras implícitas y explícitas, probablemente refuerzan los patrones de conducta precedentes. 

Los estados afectivos pueden constituir los principales refuerzos para el desarrollo de los patrones de conducta a largo plazo. 

El insistir en la investigación de los correlatos neurales del aspecto motor de las emociones podría ser un abordaje complementario. 

En este sentido, es ampliamente reconocido por los embriólogos que el aspecto motor aparece en el sistema nervioso antes que el aspecto perceptivo, sugiriendo su primacía en la evolución cerebral. Esta primacía es de particular interés en el estudio de la consciencia afectiva y se ha enfatizado el papel del cuerpo en la experiencia afectiva. 
Panksepp apunta a que serán las representaciones neurosimbólicas del "cuerpo virtual" del SELF las que supondrán una mayor influencia en la comprensión de la naturaleza fundamental del afecto dentro del cerebro.


Las distintas resonancias de los sistemas emocionales sobre el "cuerpo virtual" pueden dar lugar a neurodinámicas específicas emocionales, que son difundidas ampliamente por el cerebro, constituyendo así la verdadera esencia de las emociones. 

A medida que los sentimientos se transmiten por el cerebro, presumiblemente interaccionan con las capacidades para "amortiguar" la información de las áreas cerebrales más elevadas. Es posible que sea a través de estas interacciones asociativas como la energía instintiva "libre" quede ligada en redes más elevadas de inhibición y regulación. 

Es decir, y de acuerdo con el pensamiento tradicional freudiano, las primitivas funciones del ello junto con las funciones básicas de la identidad del SELF están estrechamente relacionadas con las energías afectivas "libres" que emergen de los sistema de comando emocional ya comentados, mientras que las acciones más deliberadas, volitivas y guiadas por la moral (las funciones más elevadas del yo), sólo pueden surgir al amparo de diversas formas de inhibición, la capacidad de amortiguar la información de la memoria de trabajo y de módulos cerebrales más elevados. 

Según esta hipótesis, la mayor parte de las emociones y el pensamiento siguen a la conducta, más dedicados a preparar futuras estrategias conductuales más que a la generación de acciones instintivas.


Existen razones para pensar que el estimulante primario de la actividad cerebral es el glutamato, y el GABA el principal inhibidor, con un ajuste fino del procesamiento de la información en las distintas áreas cerebrales ejercido por la NA (aumentándola) y la 5-HT (reduciéndola), mientras la ACh ayuda a construir un foco atencional que está bajo el control directo del SELF emocional. 

Aparentemente, los distintos neuropéptidos hacen que partes restringidas de los mecanismos de control afectivo (ampliamente distribuidos) se ocupen de los tipos específicos de problemas vitales. 

La comprensión íntima del funcionamiento conjunto de estos sistemas permanece como un reto para todas las ciencias que estudian la mente.


Conclusión


Existen numerosas razones para entender las dificultades de ambas disciplinas para aproximarse.


El mayor legado de Freud puede ser, sigue  Panksepp, su voluntad de conceptualizar cuan profundamente los sentimientos se engranan en nuestro ser y la intensidad con que los procesos inconscientes influyen las experiencias conscientes. 

Es una pena que sus ideas no pudieran ser comprobables empíricamente en el momento en el que se desarrollaron, pero apuntó en la línea correcta dejando un mapa teórico de una psicología profunda con el que poder acceder a la comprensión de los grandes misterios de las mentes humanas y animales.


Para aquellos que creen que nunca se comprenderá la naturaleza de la experiencia subjetiva ya que la "distancia explicativa" es simplemente demasiado grande, Panksepp hace notar que la "distancia predecible" continuará disminuyendo marcadamente a medida que crezca el conocimiento neurocientífico. 

El psicoanálisis puede resultar un apoyo inestimable para la neurociencia si pudiera clarificar científicamente patrones consistentes en el aspecto experiencial de la vida. 

A la inversa, la neurociencia puede proporcionar un conocimiento de los fundamentos, esencial para comprender el funcionamiento de la mente. Por supuesto, el ingrediente crítico para todas las modalidades de pensamiento será su capacidad para generar predicciones que puedan ser apoyadas o descartadas por medio de metodologías científicamente aceptables. 

Para el psicoanálisis, el reto está en la medida en que puede renovar la teoría freudiana en un modo de pensamiento moderno y dinámico que continúe rejuveneciendo a partir de la evidencia acumulada. 

 Fuente: Fragmento/Resumido de APERTURAS PSICOANALITICAS