Migración y Psicoterapia: Los duelos del proceso migratorio




El Duelo Migratorio



Los estados depresivos que experimenta la mayoría de las personas durante el curso natural de su vida casi siempre se asocian con sentimientos de tristeza y soledad, así como con otros síntomas, como falta de energía, pérdida de interés en las actividades normales y otros.


Algunos de los síntomas más frecuentes asociados con dichos estados son: dificultad para concentrarse, dormir poco o más de lo normal, sensación de desesperación, inutilidad o culpa, subir o bajar de peso anormalmente, inquietud o agitación y pensamientos suicidas o deseos de hacerse daño a sí mismo.

La migración es un fenómeno que por su propia naturaleza puede poner a las personas en mayor riesgo de padecer depresión leve o grave


El impacto de adaptarse a una cultura y ambiente nuevos puede hacer que los migrantes se sientan aislados y solos – aun cuando puedan vivir con familiares, amigos o gente nueva.


La migración comporta una situación de pérdidas psicológicas y sociales que desencadenan procesos de duelo


Este duelo migratorio puede resultar "simple", es el menos común y aparece cuando la migración se realiza en buenas condiciones para la persona; éste se encuentra con un entorno que lo acoge y le facilita la inclusión y el desarrollo del proyecto migratorio (encontrar trabajo, vivienda, red social...). 


El otro tipo, el más frecuente, es el "duelo complicado" donde la conjunción de circunstancias sociales y personales dificulta la elaboración de las pérdidas. Este último tipo de duelo es el que puede poner en peligro la salud mental de la persona desplazada, pudiendo llegar a desarrollar el llamado "Síndrome de Ulises".  


Yo no estoy de acuerdo con la mención que hace Achotegui -link- relacionando la dificultad de un duelo con cuestiones objetivas de la migración, sino que su complicación depende de la historia de cada quien y de su subjetividad, con lo cual alguien puede estar aparentemente atravesando una "buena" migración desde un punto de vista objetivo y sin embargo estar pasándola "muy mal" en lo subjetivo.  Cuando además el sujeto se encuentra en una situación de precariedad, todo se complica. Efectivamente: Ulises era un semidios. Malos tiempos aquellos en los que la gente corriente ha de comportarse como héroes para sobrevivir.

Se han descripto ya, en 1977, unas etapas del proceso migratorio que reflejan las secuencias que se desarrollan en el proceso migratorio. 

Estas etapas tienen como fondo la elaboración del duelo y la adaptación/integración - si finalmente éste se culmina con éxito - o la disfunción y/o patología, si éste se estanca. 

Describen cuatro etapas: la etapa de "luna de miel", la etapa "depresiva", la etapa de "adaptación" y la etapa de rechazo de la cultura original. A continuación se explica cada una.


Etapa de Luna de Miel: las expectativas son muy elevadas, la intención de mejorar las condiciones de vida, el éxito.  Cuando éstas no se cumplen son fuente de  frustración, desánimo y resentimiento.

La etapa depresiva: no todo el mundo la vive, y si se vive no todas las personas lo hacen igual. En algunos casos se permanece por largo tiempo (e incluso de manera permanente) en la etapa de idealización. Decíamos que esta etapa depresiva lleva incorporados varios factores: la adaptación idiomática que lleva incorporado un cambio de identidad supone, entre otras cosas, aceptar y/o desprenderse o adaptarse de ciertos usos del país de origen;  otro aspecto es la bajada de status social (el último que llega es el último en la cola para todo); un tercer factor es la disminución de la imagen social del sujeto respecto de terceros y de sí mismo. La disminución de la imagen de sí mismo reflejada en el espejo colectivo es muy importante para el individuo. Esto ha sido señalado en la literatura como "disminución del nombre", a lo cual hay que agregar el concepto de "inestabilidad del status". Todos estos son elementos que contribuyen a la aparición de etapa de depresión reactiva.

La cuarta etapa, descrita por Brink y Saunders, la del "rechazo de la cultura original", es menos frecuente, pero cuando se observa, implica un empobrecimiento personal, pues se desvalorizan partes importantes de la conformación de la personalidad, como si realmente una persona hubiera nacido en el momento de emigrar.

El duelo migratorio tiene componentes que pueden favorecer su cronicidad. 

El duelo migratorio es una sintomatología depresiva unida al estrés crónico

No se trata de un estrés adaptativo, sino de un estrés prolongado e intenso. 

Supone un proceso de reorganización y un gran esfuerzo de adaptación a los cambios; se podría decir que es un duelo con  riesgos de convertirse en un tipo de duelo complicado

El "síndrome del inmigrante" con estrés crónico constituye una categoría autónoma entre los trastornos adaptativos y los trastornos por estrés postraumáticos (dada la grave situación de partida y los riesgos en la llegada del proceso migratorio). 

Es una combinación de factores estresantes: Estrés crónico asociado a la soledad y sentimiento de fracaso; estrés límite por la lucha por la supervivencia, incluso con serio riesgo para la vida; es un estrés múltiple que desencadena un cuadro depresivo crónico. 

Algunas características del duelo migratorio



1.  Es un duelo parcial, recurrente y múltiple. 

Es un duelo parcial en tanto que  el  "objeto" de la pérdida no desaparece como tal y para siempre, sino que existe la posibilidad de reencuentro, al contrario de lo que ocurre con el duelo total, en el que el "objeto"  de la perdida desaparece para siempre y no hay posibilidad de que vuelva, no hay opción al reencuentro. Falicov (2002) señala que a diferencia del inalterable hecho de la muerte, las pérdidas del inmigrante son a la vez más amplias y más reducidas;  amplias, ya que la inmigración trae pérdidas de todo tipo (como veremos a continuación); y también más reducidas que el alcance de la propia muerte en sí misma. Las pérdidas de la inmigración no son tan claras, completas o irrevocables. Según P. Boss (2001), se trataría de una "pérdida ambigua".  

En este caso, el objeto del duelo  (el país de origen) no desaparece, no se pierde propiamente para el individuo, pues permanece donde estaba y es posible contactarlo e incluso volver a él.  Se trataría, pues, más de una separación que de una pérdida definitiva en sí misma.  Realmente el duelo migratorio es una separación en el tiempo y el espacio del país de origen donde (según las circunstancia) cabe la posibilidad del reencuentro temporal o definitivo.
"Yo lo veo claro en otra gente (inmigrantes) cuando comienzan con la típica frase -Yo en mi país..-   o    - Yo en mi país y acá no - veo que la cosa va mal" (Inmigrante peruana).

Es un duelo recurrente, con gran facilidad para reactivarse. Esta dimensión incorpora una enorme complejidad al proceso de elaboración, ya que el duelo siempre se está reabriendo: el contacto telefónico, Internet, los viajes esporádicos, la llegada de paisanos hacen que el vínculo se reavive.  Más recurrente se vuelve el duelo cuando las circunstancias en el país de destino no marcha bien, es muy común que aparezca la "fantasía del regreso", tanto más fuerte cuanto más contactos recurrentes. 

Pauline Boss (2001:15) relata el sabor agridulce que sentía cuando su familia recibía carta de sus parientes de Suiza. Frases como "¿nos volveremos a ver algún día?, hacían que su padre se quedara melancólico durante días y su abuela materna suspirara sin cesar por su madre allá, en su tierra natal. 
"Los bajones fueron frecuentes después de la crisis de los seis meses, volvieron a venir a los tres o cuatro meses y tornan de vez en cuando; yo siempre me digo: -Flaco, estás trabajando, estás estudiando... y vas a volver bien a tu país, vas a  ayudar a tu país". (Inmigrante chileno).

"La crisis me viene cuando estoy solo, por la noche; me viene la tristeza, un anhelo de volver terrible". (Inmigrante ecuatoriano) 

"Yo mismo me empiezo a cuestionar y me digo: Flaco, te estás arrugando, te vienes abajo". (Inmigrante chileno).

"Tengo deseos de soledad, no tengo a nadie, no es como Anita, que tiene a su marido Lucio. Yo me callo, tengo una pena interior muy fuerte, lo siento, es muy fuerte (llanto)". 
(Inmigrante ecuatoriana).

Es un duelo múltiple, se pierden muchas cosas a la vez, todas valiosas, importantes, significativas:  

a.  El duelo por la familia y los amigos: Este duelo comprende la separación de la familia: hijos pequeños, padres mayores, hermanos, familia extensa, además de los amigos y de las relaciones íntimas. Supone una pérdida de la red familiar. Hay que destacar que este proceso no es de pérdida total, por cuanto una de las tendencias más frecuentes es al "reagrupamiento". En cualquier caso, el reagrupamiento no puede ser completo y en muchos casos éste no se llega a dar ni en una mínima parte. "No puedo dejar de pensar en mi padre y en mi madre, ellos son mayores. Mi cuñada tiene a mis dos hijos, yo aquí tengo a dos más. Ahora lloro menos, pero al principio lloraba y lloraba todas las noches"; " Me angustio pensando en mis hijos, ellos están creciendo sin mi"; "El nexo con amigos, el utilizar los mismos códigos, hecho de menos el hablar de cuando teníamos quince años  e íbamos al colegio y caminábamos por la playa y nos íbamos a tomar tragos"; "Recordar a los amigos, haber crecido juntos"; "Mi hijo mayor quedó de once años y medio, la niña, de  siete; es muy  duro cuando hablo con ellos, mi hija me dice que cuándo voy a volver... y entonces lloro, lloro mucho" (Inmigrante ecuatoriana). "Pienso que la tierra da la felicidad, aquí no me siento como en mi tierra. Para mi, mi sueño es estar con mi familia".  (Inmigrante boliviana).

b.  El duelo por la lengua: La pérdida del idioma, o lengua materna, para el uso cotidiano en la mayoría de los contextos, hace difícil  la expresión de los aspectos íntimos. El aprendizaje de la nueva lengua no conlleva la incorporación de claves y códigos que permitan la expresión de lo que cada cual lleva dentro. "He aprendido el español, sin embargo, cuando hablo con mi familia recupero mi acento, ellos me lo notan; mis sobrinos dicen que hablo diferente" (Inmigrante venezolana).  "He perdido el compartir conceptos, pequeños códigos, mis palabras." (Inmigrante chileno).

c.  El duelo por la cultura: Se siente una pérdida  por aquellos hábitos, valores, formas de vida propios de la cultura de procedencia. Se intenta revivir día a día esas costumbres y usos. Desde el tipo de comidas que se cocinan, el tipo de indumentarias que se visten, los colores con los que se pintan las paredes.  "Me cuesta acostumbrarme a las comidas, a la movilidad, a encontrar trabajo..."; "con la comida, casi me he ido acostumbrando, pero piensas en la comida de allá... aquí no se encuentra".  (inmigrante colombiana).

d.  El duelo por la tierra: Este tipo de duelo entiende la "tierra" en sentido amplio: los paisajes, los colores, los olores, la luminosidad. Cuando una persona no quiere estar en un lugar tiende a magnificar los aspectos negativos de ese lugar y lo vive como asfixiante y agobiante (7) .  "Me falta la presencia de las montañas de Bogotá, no sé, estoy como desorientado, eso de mirar al horizonte y no ver nada..." (Inmigrante colombiana); "Cómo me gustaría ahora fumarme un pitillo con un flaco en la playa de Valparaíso" (Inmigrante chileno); "Lo que más me cuesta afrontar es la tierra, la tierra, la tierra (con emoción). Esa sensación de tener el mar cerca, esa sensación... poder ir a caminar a la playa tranquilamente. No se aquí vas al parque, pero tienes que tener mucho cuidado porque te andan afanando" (Inmigrante chileno); "Ver esos colores... ese sentimiento de tierra lo echo de menos todos los días" (Inmigrante dominicana).

e.   El duelo por nivel social: La emigración comporta una pérdida de nivel social, pues el inmigrante se incorpora al último escalafón social independientemente del estatus que ostentara en su país de origen. Cuando la estancia en este peldaño se hace prolongada, máxime cuando no es ésta la expectativa, la persona tiende a desmoralizarse, desmotivarse y a valorar como negativo su esfuerzo de adaptación y progreso.  "Llevo ya un año en España, y ¿para qué?, sin papeles, sin trabajo. Lo intento,  pero no puedo, y ¿cómo vuelvo con las manos vacías?, esto no es fácil"-lágrimas-  (Inmigrante peruana). "Una viene a hacer otros servicios distintos de los que hace allá, para los que yo no he estudiado" (Inmigrante ecuatoriana). "¿Por qué no puedo ser como ellos, tener lo que ellos tienen?" (Inmigrante ecuatoriana). "Cuando llegué, me di cuenta que la vida es diferente, que tu profesión no vale para nada, que tu no vales nada, tienes que hacer servicios que de repente nunca has hecho en tú país" (Inmigrante peruano)

f.  El duelo por el contacto con el grupo étnico: Nuestra mayor seguridad la obtenemos en el encuentro con nuestro grupo de pertenencia, donde nos identifican y reconocen. Sin embargo, la confluencia de la distancia de lo nuestro y posibles situaciones de rechazo y aislamiento hacen más patente esa pérdida. "Mis patrones cotidianos están bastante presentes, mis relaciones sociales con gente de mi país de origen están bastante presentes en mi vida. El hecho de que colabore con una asociación de ecuatorianos... y aunque la verdad me digo no tengo que relacionarme con gente de Ecuador porque he tenido malas experiencias, pero no sé, es como algo de mi, parte de mi sangre me llama hablar y  a decir cosas del país. Una añoranza bastante grande" (Inmigrante ecuatoriana).


g.  El duelo por los riesgos físicos: "Una cuñada me iba a recibir, pero no me recibió, me quedé en la calle por varios días, con las maletas; no teníamos nada, pase miedo, mucho miedo en Madrid" (Inmigrante ecuatoriana). Los riesgos del viaje, las amenazas para la salud y para la integridad física hacen vivir de manera muy intensa la inseguridad. En muchos casos los riesgos presentes no son tan elevados como los dejados atrás, especialmente en aquellos casos en los que el abandono del país de origen viene de la mano de la amenaza bélica.  

h.   El duelo por la pérdida del proyecto migratorio: Algunas personas vienen con un plan más o menos trazado de lo que pretenden hacer, lo que desean conseguir, lo que quieren alcanzar para sí y para su familia. Otras, en cambio, vienen con unas expectativas poco realistas o con información deficiente.  El no poder llegar a conseguir los objetivos por los cuales emprendieron el viaje es un factor desestabilizador, a la vez que estresante y que llena de culpas.


i.  El duelo por no poder regresar: El sentimiento y el deseo de volver siempre está, no se abandona nunca. Para el inmigrante, por motivos económicos , si las condiciones económicas y administrativas lo permiten, es posible regresar en algún momento, aunque sea para visitar a los seres queridos; sin embargo, esa visita momentánea no siempre satisface el deseo de volver (en algunos casos ese reencuentro y la nueva marcha se vive como otra verdadera pérdida, y un reinicio del duelo). 

2.    Se vive  en la ambivalencia continua         

Es posible que el inmigrante vaya desarrollando su proyecto migratorio. Los logros, los éxitos parciales resultan reconfortantes, no obstante, en ocasiones producen emociones contradictorias: alegría-tristeza; logros-desesperanza; ausencia-presencia; esto favorece el llamado duelo perpetuo (Falicov, 2002). El inmigrante vive o sobrevive entre la adhesión y la resistencia hacia el país de acogida.  Así mismo, es frecuente que al país de origen lo idealice o bien sienta rabia por haber tenido que marchar, por no ofrecerle las condiciones necesarias para su supervivencia. La ambivalencia entre el origen y el destino puede ser continua; ésta puede estar presidida por emociones diversas: frustración, añoranza, enfado, deseo.


Achotegui (2002: 17) señala: "es frecuente que esta expresión de ambivalencia se haga muy patente en la siguiente forma: cuando se está en el país de acogida se elogia desmesuradamente el país de origen; y cuando se está en el país de origen, se elogia desmesuradamente el país de acogida". Terminan sintiéndose mal en todas partes. Un caso extremo de ambivalencia, es la "depresión del éxito": hace referencia a dos tipos de sentimientos de culpa que se pueden dar en el caso de que la migración resulte exitosa: cuando se comparan las ganancias de la migración sabiendo lo que se ha dejado atrás, y cuando se tienen importantes ganancias de la migración, pese a despreciar el país de acogida. 

En la línea de la ambivalencia, resultaría señalar la aportación tan interesante que realiza Wanda Santi (1996: 145 y s.) cuando señala las diez maneras que la persona inmigrante (y su familia)  tienen de "estar entre": 1. Entre dos idiomas; 2. entre dos tiempos; 3. entre dos padres, abuelos y nietos (generaciones que se quedan, las que se van, reunificación, distancia…); 4. entre lo definitivo y lo transitorio; 5. entre dos lugares; 6. entre dos congruencias; 7. entre la estima y el rechazo; 8. entre el derecho y el deber; entre el fracaso y el éxito; 10. entre el dinero bendecido y el maldito.  

"Al llegar a otro país me sentía alegre, lo desconocido... pero de otra parte, me sentía triste por dejar mi familia muy lejos y muy sola. Me sentía sola". (Inmigrante colombiana). 

"Me he arrepentido de haber venido, pero me digo que es lo mejor para mi familia" (Inmigrante peruana). 

"Yo como reflejaba más ese vacío, ese sentimiento era llorando;  yo me decía..., a veces al niño que yo estaba cuidando, me decía... que no tendría que estar cuidando ajenos... tendría que estar con mis hijos,  pero también pensaba que estos niños estaban dando de comer a mis
hijos." (Inmigrante peruana)

3.    El duelo migratorio es transgeneracional


Pauline Boss (2001:15) señala en su libro La pérdida ambigua cómo la nostalgia por los seres queridos se transformó en una parte central de "mi cultura familiar". Nunca supe muy bien quién formaba parte de la familia, o dónde estaba realmente mi hogar: ¿en el viejo país o en el nuevo?; ¿eran de verdad mi familia esas personas a las que nunca había llegado a ver o encontrar? "Nunca llegaron a superar la pérdida de esos familiares queridos y, en consecuencia, los que vivíamos con ellos también experimentábamos la ambigüedad de la ausencia y la presencia". 
Muchos hijos de los inmigrantes tienen la sensación de estar atrapados en un callejón sin salida. De una parte, han nacido o se han criado en el país de acogida y de otra, han interiorizado fuertemente la cultura de los padres del país de origen. No  se sienten  completamente ni de aquí, ni de allí. La inclusión no es completa en el país de acogida, sin embargo, tampoco lo es en el país de origen. Cuando se viaja a ver a la familia extensa, se siente que no es como el resto de familiares, ni tampoco como los nativos del país de acogida. 

Otro factor importante es la transmisión generacional de los estilos de afrontamiento, las conductas y mecanismos de defensa ante el duelo. Los padres llevan a cabo una serie de conductas  de adaptación ante las nuevas circunstancias y un proceso de elaboración de lo que han dejado atrás; pero estos procesos no quedan sólo en las figuras parentales o en los adultos de la familia, son transmitidas e influyen y moldean la personalidad de los niños mediante las identificaciones que éstos realizan con las figuras parentales. En términos generales, se podría decir que como los padres/madres elaboren sus duelos, así los hijos/as aprenden en parte a elaborar los suyos.  La forma en que elaboran el duelo los progenitores ejerce una profunda influencia sobre las siguientes generaciones. 

Un factor que puede ayudar a las siguientes generaciones para el proceso de elaboración radica en los vínculos y las redes que se establezcan en el país de acogida. De otra parte, la posibilidad de expresar las vivencias que se tiene, acceder a servicios de ayuda sin el temor  que podían  sentir la primera generación, sobre todo si no se tiene el tema administrativo resuelto.


4.    El segundo duelo migratorio: el retorno


El regreso del inmigrante, ya sea temporal o definitivamente, es una "nueva migración". Tras años, en muchos casos, décadas fuera del país de origen, se han producido muchos cambios, cambios en el entorno, en las gentes y en la propia persona del inmigrante retornado;, ya no es el mismo, nada es lo mismo.


Se está ante un proceso de cambio. Se han dejando atrás, en el país de acogida, personas, vínculos, vivencias. Esta situación se torna más dificultosa cuanto más apego se haya generado, y también cuanto más difícil haya sido la elaboración del duelo migratorio inicial. El estilo de afrontamiento se repite; cuanto más ambivalencias, cuantas más defensas se utilizan (negación, idealización...), más complicado es el regreso. 

"El retorno lo tengo programado, volver y hacer algo por tu gente" (Inmigrante chileno)
"Al principio vine por un año, después me quedé dos más, ya que no conseguí la plata necesaria; llevo siete años y aun no sé cuándo voy a volver... volver".  (Inmigrante ecuatoriano)
"Vine por un año, esa era mi idea, por sacarme de la situación, de aflojarme y regresarme. Vi  que no podía salir y entonces traté de quedarme un año más"  (Inmigrante ecuatoriana)
"Deseo volver, intentar hacer lo que hacía, con mis amigas, con mi profesión..." (Inmigrante boliviana)
"Uno hace la felicidad, un país u otro no hace la felicidad"  (Inmigrante peruana)
"vVviré aquí unos cuatro años más y volveré, no voy a traer a mi familia, es dura la vida aquí".  (Inmigrante boliviana)
"Sí,  extraño a mi familia, a mi gente, pero ya estoy con mis hijos, y esto me ha ayudado, yo quería irme muy rápido, pero al venir mis hijos todo ha cambiado". 

5.    El duelo migratorio no solo lo sufre quien emigra, sino también los que se quedan


Si la inmigración tiene repercusiones para quien emigra, evidentemente, para quien recibe también supone cambios que es necesario integrar (no siempre por desgracia esto ocurre). Finalmente, también afecta a los que se quedan en el país de origen. Estos últimos notan la ausencia de quién se marchó, viven la separación de manera dolorosa. La comunicación intermitente reaviva el dolor. La fantasía del regreso, del reencuentro, del reagrupamiento aviva y prolonga los duelos. Entre tanto pasan los años y los hijos que han quedado atrás, los padres cada vez más mayores.
 

6.    El duelo migratorio afecta a la identidad


Todos los duelos generan cambios en la identidad del sujeto. Si el duelo se elabora correctamente la persona crece, se enriquece, incorporando un gran repertorio de habilidades, recursos y vivencias que le ayudan para cuando se presenten nuevos duelos. Además estos aprendizajes le sirven para conectar con otras personas en duelo y poder orientarles o al menos saber comprenderlas.  

El proceso migratorio genera muchos cambios y nuevas situaciones que hay que integrar, tanto es así que se modifica la propia identidad del sujeto. Entendemos por identidad, el conjunto de autorepresentaciones que permiten que el individuo se sienta, por una parte, como semejante y perteneciente a determinadas comunidades de personas y, por otra parte, diferente y no perteneciente a otras (Achotegui, 2002:12). La identidad se adquiere en una combinación de lo espacial, lo temporal y lo grupal (Grinberg, 1985). En estos tres elementos la migración afecta profundamente. La identidad es siempre un proceso inacabado, es una construcción constante, ésta surge de la asimilación exitosa. Si se consigue elaborar adecuadamente el duelo migratorio, se ha construido una nueva identidad más compleja y más rica. No tiene por que ser antagónica con la identidad previa al proceso migratorio, si bien en muchas ocasiones no es reconocida (o con apreciables diferencias) por los paisanos al regresar. Ese enriquecimiento de la identidad es un signo de elaboración del duelo. 

"Soy otra, cuando voy a mi casa, dicen que soy otra".  (Inmigrante ecuatoriana)
"Yo soy más maduro, tengo más experiencia, más conocimiento".  (Inmigrante chileno)
"Yo digo que los inmigrantes somos -exiliados económicos-". (Iinmigrante argentino)


7.    El duelo migratorio conlleva regresiones psicológicas


Entendemos por regresión el mecanismo generado por el bloqueo que supone afrontar situaciones complejas para las cuales el individuo no tiene respuestas ni recursos. Mediante este mecanismo se regresa a etapas precedentes donde el afrontamiento si fue eficaz. En el proceso migratorio se está sometido a un sin fin de cambios y adaptaciones. Es frecuente sentirse abrumado e inseguro. Las conductas regresivas expresan una búsqueda de apoyo y ayuda. 

Las conductas regresivas más frecuentes son: Conductas de dependencia y comportamiento sumiso y conductas de queja y protesta infantil ante situaciones de frustración y dolor. Es frecuente que esta queja y protesta se dirija a quienes mejor tratan al inmigrante, lo cual es muy desconcertante para los profesionales. La queja se manifiesta allá donde puede ser contenida. Estas regresiones no se deben confundir con incapacidad o debilidad, sino como reacción a una fuerte presión, tensión y estrés ambiental. La falta de apoyo familiar, la pobreza en la red social favorece la aparición de estas regresiones (Achotegui, 2002). En  muchos casos, las regresiones a los rituales y costumbres vividas en la infancia, pero que se han dejado de practicar de adultos, se vuelve a recuperar cuando se produce el "retorno"; se practican fiestas y tradiciones colectivas que ayudan al establecimiento del vínculo y adquirir más seguridad.

¿Cuándo debo solicitar una ayuda psicológica?

  • Dificultades de integración en el país o provincia de acogida.
  • Sentimientos fuertes de tristeza.
  • Choque intercultural (Depresión o Ansiedad)
  • Dificultad para afrontar los eventos estresantes asociados a la migración.
  • Duelo migratorio.
  • Problemas derivados en la reagrupación familiar.
  • Problemas psicológicos por ser víctima de racismo y xenofobia en los distintos ámbitos (laboral, escolar, etc.).
  • Problemáticas familiares debido a los cambios que produce la migración
  • Problemas vinculados al retorno al país o provincia de origen.
  • Otros problemas psicológicos derivados o reactivados por la migración.

Síntomas a consultar

  • Se siente diferente/ extraño.
  • Se siente discriminado.
  • Dificultad para tomar decisiones.
  • Problemas de concentración.
  • Perdida de confianza en si mismo.
  • Piensa constantemente en su país.
  • Tiene incertidumbre constante en cuanto a su permanencia aquí.
  • Se siente solo/a.
  • Se siente triste, con síntomas de ansiedad.
  • Tiene problemas con pensamientos extraños o reiterativos y continuos que no le permiten hacer otra cosa.
  • Tiene problemas de sueño, alimentación o del deseo sexual.
  • Tiene conflictos con su pareja o en sus relaciones familiares.
  • Tiene problemas significativos con sus hijos.
  • Se siente nervioso o inquieto constantemente.
  • No se siente apoyado por la gente de su país.
  • No se siente apoyado en sus problemas por la gente del sitio de acogida.
  • Tienen problemas de adaptación en el estudio o en el trabajo.
  • Tiene problemas debido  a que no tiene acceso  a trabajar en su profesión.
  • Duda permanentemente en volver a su país o provincia de origen.
  • Tiene problemas con su pareja transcultural  o iniciar una relación con una pareja de distinto origen.
  • Ha recurrido a sustancias adictivas.
  • Se siente irritable con frecuencia.
  • Tiene dificultades en controlar sus impulsos y ha tenido alguna consecuencia por ello.
  • Ha cambiado su carácter o manera de ser.
  • Se percibe muy diferente a como era antes en su país de origen.
  • Llama varias veces al día o escribe e-mails de forma insistente a sus familiares en su país o provincia de origen.
  • Si es refugiado solicitante de asilo y presenta sintomas asociados a esta condición.

Consultas: psicoarte.hoy@gmail.com