Wilber vs Jung: Una crítica a Ken Wilber

CRÍTICA A KEN WILBER EN SU INTERPRETACIÓN DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA DE CARL JUNG
Por José Antonio Delgado (fragmento)

"...El asunto es que me siento en condiciones de decir que comprendo más o menos bien el proceso mental de Wilber, y hay un punto, que es éste que tratamos hoy, en el que me aparto de él y lo rechazo. Justo en esta cuestión abandoné a Wilber y sus escritos, hace muchos años atrás. Simplemente creo que comete un grave patinazo. Un patinazo muy acuariano.
La estructura de su doctrina es una arquitectura perfecta. Es como un mandala, geométricamente impecable. Todo está solarmente iluminado. Yo sé qué gran satisfacción produce eso en un alma como la suya: se siente como la contemplación de la belleza matemática de las esferas celestiales. Hemos encontrado la fórmula del Todo, y hemos comprendido, o sea, abrazado, ese Todo, con la Supramente. Ahí sí que campea a gusto Acuario: en la estratosfera, mirándolo todo desde la razón, de arriba a abajo. Eso para él, para nosotros, es intensidad vital. Es en sí la Iluminación, la expansión de la conciencia, aunque deberíamos llamarlo estado suprarracional, no trans-racional. Por supuesto, cuando él habla de los estados más altos de la transpersonalidad, está en el fondo sintiendo la llamada a esto, aunque trate de negarlo incluso ante sí mismo. Él hablará una y otra vez de los maestros orientales y sus estilos, alabará y aconsejará la meditación, pero sus guías, sus modelos de Self, son realmente gente como Newton. O como Freud. El desarrollo del saber cartesiano hasta su último grado es para él, para nosotros, la diferenciación máxima de la conciencia. Aunque tratemos de ocultarlo haciéndole teóricas concesiones a otros modos de crecimiento psíquico..."
(...)
"También les falta una necesaria concesión a la irregularidad. A la complejidad, a lo abstruso. El desarrollo psíquico real es bastante confuso y desconcertante. 
Wilber se acerca a la psique desde la mente-espíritu, Jung lo hace desde el alma, y a través de ella y su fenomenología, manejando hábilmente la mente, arriba hasta el espíritu.
Una diferencia metodológica fundamental entre los dos autores es que la doctrina junguiana está cuajada de eso, de fenomenología. Sus pensamientos están empapados de agua del alma, de sangre de ánima. De biografía, de experiencias y experimentación. Es una doctrina lunar.
Por contra, todo lo lunar de Wilber queda al margen de su producción intelectual.
Por ejemplo Treya, y su tragedia sentimental, no aparece entre líneas. Todo es apolíneo, solar. En ese comunicado del que me ocupé más arriba [ver artículo completo], dice:
¿Paso mucho tiempo preocupándome acerca de la “lección” que trato de enseñarme dándome esta enfermedad? “Váyase a la mierda”, ¿responde a su pregunta? Treya y yo pasamos 5 años escuchando a gente decirle por qué se había enfermado de cáncer. Todos ellos le decían lo que espiritualmente había hecho mal para que esto le hubiese ocurrido. El problema es que ninguno de ellos estaba de acuerdo con los demás y lo único que todos tenían en común era la suposición arrogante de que sabían lo que le ocurría a Treya, o sus propios temores profundos proyectados en Treya y leídos entonces en ella como causa de su cáncer. Por supuesto que hay factores espirituales, mentales y emocionales en todas las enfermedades. Si quieren saber los míos pregúntenme en vez de decírmelos. Si me interesa saber su opinión prometo preguntarles. De otro modo, guárdese sus proyecciones para ustedes mismos, porque ya tengo a un idiota asustado y confundido -yo mismo- con quien lidiar y con uno, realmente, tengo suficiente."
Bueno, este es el tema.  Las doctrinas sobre la realidad psíquica realmente agudas se cimentan sobre experiencias como esa. Esa es la auténtica materia prima que nos conduce más allá de la especulación intelectual, a la realidad más profunda del alma. Si no, nos ocurrirá como al hermano Tomás de Aquino: “Todo lo que he escrito hasta ahora me parece paja”.  
Más arriba dije que el mito acuariano tiene una enorme facilidad para tratar de seguir los derroteros de gente como Newton, Freud o Kant. Los grandes arquitectos teóricos. Pero más allá de esa fase hay otra, auténticamente transpersonal: la del Fausto.  Con Fausto se expresa el hecho de que por más que seamos doctos en todo (por más desarrollada que esté la función intelectual), siempre hay un punto en que lo que necesitamos saber a continuación es algo que aún no somos ni siquiera capaces de pensar. Horrenda paradoja: ese lugar donde lo que necesitamos conocer intelectualmente sólo nos lo va a otorgar el amar, el dejarnos arrebatar por una experiencia portando una cabeza de chorlito, lo cual nos empuja a las antípodas de nuestro más querido mundo.
¿Podría habérsele ocurrido a Darwin algo interesante sin haber pisado las Galápagos?
La relación con Treya, su enfermedad, la relación con su propia enfermedad [la de Wilber], son los pinzones de Darwin de Wilber.
En la medida en que solucione ese rompecabezas, que justo se da en territorios exóticos para su carácter, entenderá el Arquetipo. Quizás hasta de un modo más profundo que Jung.  Por todas estas peculiaridades del carácter personal y el método de investigación de Wilber es por lo que se resiste a captar que el mismísimo concepto de arquetipo incluye la conditio sine qua non de transpersonalidad. Claro que Jung no ayuda en nada a una mente como la de Wilber cuando propone por aquí y por allá su confuso (por excesivamente racional) concepto de arquetipo como “precipitado de experiencias vividas a lo largo de generaciones por la Humanidad”.
Esta aproximación trivial, pacata e inexacta le vale perfectamente a un Sheldrake, que sólo tiene en principio que entenderse con la conducta animal, pero para un teólogo como Wilber…
Cuando digo el mismísimo concepto de arquetipo me refiero a la definición de verdad, aquella que surge de la experiencia con él.
Jung no descubrió el arquetipo a través del estudio antropológico de las costumbres humanas ni a través del estudio comparativo de nuestra sexualidad. Lo logró captar a través, y sólo a través, de la experiencia transpersonal y paranormal. Sólo puedes entrever la forma de su cuerpo a través de la experiencia espiritual. El lugar de encuentro con lo arquetípico es lo trans-racional 
Pero entonces descubres que si su cabeza es la responsable de la vida espiritual, su cola lo es de muchos aspectos de la vida instintiva y sexual (José Antonio ya ha señalado muy certeramente en esta dirección en sus comentarios). Que esto signifique que no hay una separación limpia, lineal y nítida entre lo bajo y lo alto, entre lo pre- y lo trans-, como le gustaría al intelecto progresista racional…
Si un “transpy” como Lao Tsé se fuga a los 80 años con una bailarina adolescente ¿qué decimos que ha pasado ahí? ¿Una involución? Pues sí, puede ser. Pero las cosas son en verdad tan complejas, que en realidad lo que puede estar pasando es que esa bailarina sea la cola de un arquetipo lagarto que venga a atrapar al sabio para conducirlo, al final, a su siguiente estrato de conciencia, aún más transpersonal. ¿No pertenece esta escena a la santa vida de Buda también, en el sensual encuentro con Sajata? ¿Acaso la muerte de Treya sólo se puede interpretar, por ser desgracia, como un obstáculo involutivo, un castigo? Yo sin embargo apuesto a que ha sido uno de los sucesos más transpersonales y evolutivos por los que ha atravesado la vida de Wilber.
Hace ya muchos años que ando contando que el complejo de edipo, que se supone es un síntoma claro de conciencia pre-racional, de infantilidad y de inmadurez, en realidad es uno de los hechos espirituales y transpersonales más importantes en el desarrollo humano. Una constelación relacional que se puede dar a cualquier edad. No tiene nada de infantil ni de inmaduro. Pero para entender esto hay que apartarse de la idea, tan occidental, de que el progreso es lineal, y así también lo es el progreso de la psique, con un antes, un ahora y un después. El arquetipo es preexistente, sin embargo. Atemporal. Su faceta instintiva se está inmiscuyendo siempre, desde el momento de nacer (bueno, obviamente desde antes), y su lado espiritual también. De hecho lo hace de un modo muy especial precisamente en la infancia. Por eso nuestros mitos hablan de Niños Dioses y por eso nadie encuentra en los reinos transpersonales nada que no estuviera desde su infancia esperándolo, pacientemente, ahí. El tiempo del desarrollo es un tiempo circular. Y ya sé que con esto simplifico demasiado. Wilber se coloca en lo subjetivo, la conciencia del sujeto, y a pesar de hablar de lo transpersonal, crea una psicología sin dioses. El dios es la conciencia y su desarrollo. Pero lo que llamamos Iluminación no es otra cosa que integrar el saber que ya atesoran, desde siempre, los arquetipos, los dioses. La expansión de la conciencia es en realidad un aprendizaje. Una relación maestro-discípulo. Desde la niñez.
Por otra parte, me gustaría decir que todas esas ideas psicoanalíticas sobre la conciencia infantil, todo eso de los estados oceánicos y demás, lo tomo cum grano salisA mí, a día de hoy, me sigue sonando a retro-ciencia-ficción y, como dice Wilber,: “guárdense sus proyecciones para ustedes mismos”. 
En realidad, y con esto quiero seguir exculpando al hermano Wilber de sus patinazos, yo mismo hubiera tomado en conjunto la Psicología Analítica con el más severo escepticismo si hubiese accedido a ella a través de mi pura mente-espíritu.
Siempre diré que cualquiera que crea en las cosas que cuenta Jung sin haberlas vivido en sus carnes es un crédulo peligroso/en peligro, carne de cañón para cualquier secta destructiva o… algo peor."
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